Ser disidente


Por Juan Tirado, profesor y candidato independiente a diputado

Día del niño a principios del 2000. La espera se hacía eterna para conseguir la ansiada Cajita Feliz con la versión lowcost del juguete de moda. Luego de una larga fila en los albores del Mall de La Serena, una vendedora nos pregunta "¿Juguete para niño o para niña?" A lo que mi hermana con tono de espanto responde: "Furby por favor", un peluche humanizado con esos ojos de muñeca que abren y cierran según su posición en el espacio. La vendedora insistía en ofrecernos el "Action Man". Ese día confirmé mis sospechas, era distinto al resto. 

Quizás se debió a la crianza sin estereotipos de género que recibí de mis progenitores por lo que nunca percibí que existían cosas para hombres y para mujeres. Siempre llegaban las tacitas, muñecos, carro de supermercado y toda baratija que le pedía al viejo pascuero. Aunque con una condición: no poder sacarles de nuestra casa porque me podían molestar ¿Por hacer pasteles como mi padre panadero? ¿Por imitar a mi madre cuidando de mi hermano pequeño?... Nunca me quedó claro. 

Así mis círculos más íntimos se llenaron de amigas y compañeras, con las que aprendimos a bailar Axé, en esas eternas horas después de almuerzo que nos legó la jornada escolar completa, escabulléndome de los pelotazos, la competencia y la agresividad de los varones de colegio periférico. Siempre supe lo que era ser distinto, pero solo con los años aprendí lo que es ser disidente. 

Quienes vivimos a diario en los márgenes de lo socialmente permitido, sabemos de exclusión y lo difícil que es ser aceptades tal cual somos. Se nos convence que existen límites para lo posible: que nuestra expresión de género no calce en determinados puestos laborales y deber usar ropas que no sentimos propias para que el resto no vea perturbada su tan prolija normalidad binaria. Es aún más violenta la discriminación a la hora de postular a vivienda, en la atención de salud o en tantos lugares en los que pareciésemos no existir. 

Para que todas esas ñañas que crecen hoy no tengan que sentir la extrañeza y desesperanza qué provoca no sentirse perteneciente a este mundo, debemos cambiar esta sociedad para que se les incluya. La diversidad no es un objetivo en sí misma, más aun cuando existe marginación de unos por sobre otros: del cis al trans, del activo al pasivo, del discreto al rarito. Queremos ser socialmente iguales y humanamente disidentes: es ese mundo el que ya estamos construyendo junto a nuestra rebeldía. Estoy convencido que puedo aportar desde la cámara de diputados a que seamos protagonistas de esta nueva historia: por un Chile Diverso, Juan Tirado al parlamento, pacto Dignidad Ahora AN88.  


Ser disidente


Por Juan Tirado, profesor y candidato independiente a diputado

Día del niño a principios del 2000. La espera se hacía eterna para conseguir la ansiada Cajita Feliz con la versión lowcost del juguete de moda. Luego de una larga fila en los albores del Mall de La Serena, una vendedora nos pregunta "¿Juguete para niño o para niña?" A lo que mi hermana con tono de espanto responde: "Furby por favor", un peluche humanizado con esos ojos de muñeca que abren y cierran según su posición en el espacio. La vendedora insistía en ofrecernos el "Action Man". Ese día confirmé mis sospechas, era distinto al resto. 

Quizás se debió a la crianza sin estereotipos de género que recibí de mis progenitores por lo que nunca percibí que existían cosas para hombres y para mujeres. Siempre llegaban las tacitas, muñecos, carro de supermercado y toda baratija que le pedía al viejo pascuero. Aunque con una condición: no poder sacarles de nuestra casa porque me podían molestar ¿Por hacer pasteles como mi padre panadero? ¿Por imitar a mi madre cuidando de mi hermano pequeño?... Nunca me quedó claro. 

Así mis círculos más íntimos se llenaron de amigas y compañeras, con las que aprendimos a bailar Axé, en esas eternas horas después de almuerzo que nos legó la jornada escolar completa, escabulléndome de los pelotazos, la competencia y la agresividad de los varones de colegio periférico. Siempre supe lo que era ser distinto, pero solo con los años aprendí lo que es ser disidente. 

Quienes vivimos a diario en los márgenes de lo socialmente permitido, sabemos de exclusión y lo difícil que es ser aceptades tal cual somos. Se nos convence que existen límites para lo posible: que nuestra expresión de género no calce en determinados puestos laborales y deber usar ropas que no sentimos propias para que el resto no vea perturbada su tan prolija normalidad binaria. Es aún más violenta la discriminación a la hora de postular a vivienda, en la atención de salud o en tantos lugares en los que pareciésemos no existir. 

Para que todas esas ñañas que crecen hoy no tengan que sentir la extrañeza y desesperanza qué provoca no sentirse perteneciente a este mundo, debemos cambiar esta sociedad para que se les incluya. La diversidad no es un objetivo en sí misma, más aun cuando existe marginación de unos por sobre otros: del cis al trans, del activo al pasivo, del discreto al rarito. Queremos ser socialmente iguales y humanamente disidentes: es ese mundo el que ya estamos construyendo junto a nuestra rebeldía. Estoy convencido que puedo aportar desde la cámara de diputados a que seamos protagonistas de esta nueva historia: por un Chile Diverso, Juan Tirado al parlamento, pacto Dignidad Ahora AN88.  


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