Momento para transformar




Por: Daniela Henríquez, socióloga y directora alterna del IPP UCN Coquimbo.

No ganan lo mismo. No se les considera por igual para un cargo. Mucho menos tienen la misma presencia en los medios de comunicación.

Las mujeres enfrentan un trato desigual todos los días y no son hechos aislados. Las estadísticas más estremecedoras refieren a una sencilla conclusión: si eres mujer, tienes mayor probabilidad de ser violentada sexualmente o incluso ser asesinada por tu pareja o expareja, hechos que, a pesar de los esfuerzos públicos, siguen ocurriendo, tanto así que las cifras de femicidios se mantienen.

“Son hombres enfermos” se escucha decir en las conversaciones. Y la verdad es que no, generalmente los agresores son personas sin ninguna enfermedad mental, muy contrario a lo que se pueda pensar, casi siempre, quienes cometen estos crímenes son estudiantes universitarios, profesionales, trabajadores y hasta padres de familia, quienes mantienen una vida común y corriente. 

Y es que el machismo es una de las pocas cosas que parece se distribuyó de manera pareja en la sociedad y por alrededor del mundo,  Y es común escuchar que al hablar de machismo, todos y todas se creen inocentes. sin embargo, el problema radica ahí mismo. Porque, justamente, no existe (al menos por lo que se sabe) un grupo organizado de personas “promachismo”, sino que se trata de pequeñas situaciones cotidianas que perpetúan una sociedad donde las mujeres y lo femenino es subordinado a lo masculino, siendo menos valorado e incluso invisibilizado de manera constante.

Esta cultura en la que hemos nacido y en donde hemos aprendido a relacionarnos es la que debemos transformar. Allí está el origen de la violencia, en cada aspecto de la vida diaria donde se manifiesta y expresa la desigualdad, por eso, todos tenemos algo que cambiar.

Para eso, el desafío va desde dejar de reír con chistes misóginos hasta distribuir equitativamente las tareas del cuidado. Acá todo aporta para que las relaciones entre los géneros se vayan equiparando y no tengamos que esperar los 200 años que el Foro Económico Mundial anunció debían pasar para alcanzar la verdadera equidad (aunque, al paso que vamos…). 

¿Somos alarmistas entonces? Por supuesto que sí, porque no puede dejar de ser alarmante que -estadísticamente- sea el propio hogar el lugar donde las mujeres tienen más probabilidad de morir.

Más allá de las políticas públicas pendientes en esta materia y la responsabilidad de Estado, entre otras instituciones. Como sociedad e individuos e individuas tenemos mucho que avanzar y no hay excusa para mantenernos al margen. Si las cosas no han mejorado, algo estamos haciendo mal. Y tú, ¿qué esperas para cambiar? 




Momento para transformar