Disidentes al poder



Cuando yo era niño, las disidencias sexuales solo eran personajes caricaturescos -representados por heterosexuales- que se presentaban en festivales, teleseries y programas de televisión para permitir que otros se rieran o desataran frases violentas que sin esconder entre risas jamás hubiesen podido canalizar.

En la década del 2000 los homosexuales tenían una vida tan común como la de otras personas, pero los medios y la sociedad los encasillaban en roles y con características que no reconocían su diversidad como personas. Eso explica el por qué jamás se nos contó que Gabriela Mistral era lesbiana. La lesbiana más famosa del mundo, convengamos.

Hoy, no por suerte, sino que tras constantes esfuerzos y un profundo trabajo vemos cómo disidentes sexuales conducen matinales, salvan vidas en la UCI, hacen clases, construyen casas, hacen música, reportean, rapean y hasta logran ser elegidos por la ciudadanía. La misma ciudadanía que antes les encasilló y que hoy intenta saldar noblemente esa deuda histórica otorgando los mismos espacios a mujeres y hombres que integran la comunidad LGBTIQA+.

Las disidencias sexuales no necesitan la aprobación de otras personas para existir, existen por sí solas, pero necesitan del lenguaje para reconocerse a sí misma, encontrarse con otras y convertirse en sujetos de derecho. 

De allí entonces que sea tan valioso que cuando una lesbiana logra ocupar un espacio de poder que antes le estaba prohibido se le visibilice su orientación. Es importante y necesario porque en otro tiempo, siendo lesbiana, jamás lo hubiese podido soñar, jamás lo hubiese podido lograr.

Estamos viviendo un momento histórico y es bueno que lo verbalicemos, para que quede escrito, para que no lo olvidemos.

Este 2021 tenemos a la primera mujer escribiendo la nueva historia y esa primera mujer es lesbiana.

Disidentes al poder