Todas íbamos a ser reinas



Por Juan Tirado, profesor

La historia de las ciencias está plagada de grandes héroes. En general, hombres que lograron desafiar sus paradigmas contemporáneos, generando potentes avances en tecnología, sentando las bases del nuevo mundo. 

Se nos han contado grandes hazañas de estos próceres de bata blanca y pensamiento racional que catalizaron grandes revoluciones. Pero tal y como si fuese un festival cualquiera: ¿dónde están las mujeres?

Hasta hace un par de décadas, las mujeres estaban excluidas de las decisiones políticas. De hecho, la primera vez que pudieron votar por un presidente en Chile fue hace poco más de 70 años. Nuestras abuelas y bisabuelas nunca tuvieron ese derecho. Ellas, al igual que muchas otras, estaban excluidas de acceder al conocimiento formal y de la incidencia en la historia.

Eso sí, hubo algunas que pese a todo lo lograron: como Eloísa Díaz, la primera mujer chilena en titularse de una universidad en Latinoamérica.

Por eso, no es de extrañar que aun cuando cumplieron un rol fundamental, muchas veces no figuren como parte de la historia clásica que se nos cuenta sobre el desarrollo científico.

Mucho se habla del padre de la Química Moderna, el francés LAVUSIÉ, pero poco de quien ayudó, con muchísimas ilustraciones y traducciones de por medio, a entender parte de esos descubrimientos: su compañera Mari-Anne Pierrete, ya que era ella quien manejaba a la perfección idiomas como el francés, el inglés o el latín y por eso, hoy, sería imposible entender el desarrollo del trabajo químico de su cónyuge sin sus decisivos aportes. 

Tan injusto como cuando Watson y Crick, obtuvieron información clave para plantear su modelo helicoidal, en los análisis cristalográficos de rayos X realizados por Rosalind Franklin, en torno al ADN, aunque ella no recibiera el premio Nobel

Mujeres, que nadie nunca más les diga que son la costilla sacada de un hombre mientras dormía. Atrévanse a morder los frutos del conocimiento que estimen convenientes y sientan pasión por cada acto que realizan.

La ciencia ha demostrado que ser macho es una mutación, una delección o eliminación de una importante fracción de cromosomas, de hecho, por si no lo sabían, las primeras semanas del desarrollo intrauterino los humanos se desarrollan como futuras hembras.

Ya lo decía Gabriela Mistral, “todas íbamos a ser reinas” y si algunos de ustedes, amigos hombres osa dudar del conocimiento científico, mírense al espejo, tóquense una tetilla y pregúntense qué hace ahí ese vestigio evolutivo. 


Todas íbamos a ser reinas